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Ovidio Cordero Rodríguez 2001 © oCordero.com Congreso = SaludHace dos semanas se celebró en Valladolid el II Congreso Internacional de la Lengua Española. A la cita acudieron cientos de expertos, hubo unos 1300 participantes de todos los países hispanohablantes, desde españoles hasta ecuatorianos, colombianos, argentinos, etc. La primera edición de este congreso se celebró en Zacatecas, México, en abril de 1997, y resultó un éxito. Esta también lo fue. Y es que el hecho de que se celebre este evento de tales dimensiones no es por otro motivo sino porque el español goza de buena salud. Más o menos. Uno de cada quince individuos en la Tierra tiene el español como su lengua materna, lo que equivale, en las matemáticas, a 400 millones de personas. Es la segunda lengua más internacional, más extendida —la tercera más hablada—, después del inglés —la segunda lengua más hablada por número de habitantes en los países angloparlantes—. La más hablada, por raro que pueda parecer, es el chino: más de una sexta parte de la población mundial es china. (Para quien quiera saber algo en chino, gracias es Tshe Tshe, escrito con nuestro alfabeto.) Destacaron algunas ponencias como la del Nobel Camilo José Cela, que al parecer ha utilizado prácticamente el mismo discurso en tres o cuatro actos relevantes, como en la Expo de Sevilla, en este congreso y alguno más. Fue criticado por gran parte de la prensa: «Cómo es posible que un Nobel no sea capaz de crear una ponencia nueva en cada ocasión importante». Quizá el hecho de que se le encargue una que trate del español en líneas generales no dé para mucho más. En diez años la lengua evoluciona muy poco. Uno de sus temas principales fue la diferencia entre decir castellano y español. (Lo trataremos aquí.) Digo que el español goza más o menos de buena salud porque en el uso coloquial —el más habitual y, por ello, el más importante— está algo deteriorado. En los últimos años, la entrada masiva en nuestras vidas de las nuevas tecnologías ha hecho que se utilice mucha terminología extranjera; es decir, términos no españoles, aún existiendo tales términos en español. Por ejemplo: e-mail, que es en español significa correo electrónico, dirección electrónica o mensaje electrónico —según el contexto—, está mucho más extendido que los propios términos españoles ahí citados, que empiezan, por suerte, a abrirse un pequeño hueco en el complicado laberinto del léxico utilizado en un país o comunidad con una lengua en estado de ebullición. Viva. Ovidio
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