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La coma (,) es,
sin duda alguna, el signo de puntuación más «carismático». Posee ese don [o
se lo concedemos nosotros, más bien] por su extensa capacidad de juego y
movimiento, por su arbitrariedad, en los textos escritos. Pero no por ello deja
de tener unas reglas generales —no fijas en algunos casos— el uso de este
dadivoso signo, las cuales nos permiten hacer un uso correcto de ella.
Los signos de puntuación son signos gráficos que insertamos en los
textos escritos para marcar las pausas necesarias en el lenguaje hablado. Aunque
hay que dejar algo claro también antes de estudiar este signo ortográfico: ni
todas las pausas con que se modula el lenguaje hablado se transcriben en el
escrito, ni todas las pausas que se representan con comas, obedeciendo a las
reglas del uso de este signo, se hacen siempre en el lenguaje hablado. Los tipos
de reglas los podemos dividir en tres: las llamadas normas negativas, es decir,
las que censuran el uso de la coma; las preceptivas, esto es, las que obligan a
insertar una coma; y algunas otras que hacen de la coma susceptible de ser usada
u omitida.
La regla negativa por excelencia es la no coma entre el verbo y
cualquier otro elemento de la oración (sujeto, complemento) unido directamente
a él. Esta falta, la considerada más grave, se suele dar con frecuencia debido
a la pausa que se produce cuando nos encontramos con un sujeto largo constituido
por una oración de relativo: Quien quiera una buena nota, debe estudiar
mucho. Tampoco se inserta normalmente coma delante de las conjunciones
simples adverbiales («como, cuando»), adversativas («pero»), causales («porque»),
etc.
En los casos de coma obligada, el más básico es el de la enumeración
de términos no enlazados por conjunciones (nombres, adjetivos, oraciones,
etc.): Pepe, Juan y Carlos fueron al circo o Le gusta comer, dormir,
jugar al billar y ver la tele. Otras comas obligadas son las que van detrás
y delante de una oración intercalada en otra: Desde que vino, hace unas dos
horas, no ha hecho más que dormir. Tampoco hemos de olvidar la coma que se
inserta delante del pronombre «que» explicativo:
El buey o vaca viejos, que se destinan a carne. Si suprimiéramos
esa coma, se destinarían a carne solo algunos de esos animales, y no todos.
Otra coma obligatoria importante es la que se coloca en el lugar de un
elemento —normalmente un verbo— que se suprime por ser repetición de otro: Unos
hablan de política; otros, (hablan) de negocios, o porque se
sobreentiende: Perro labrador, poco mordedor.
[Este
artículo tiene una continuación: La
coma, un signo ‘carismático’ (2).]
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